X se escribe con J. Jotamario Arbelaez

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X se escribe con J - Jotamario Arbelaez

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Escobar, que nació con la vocación montaraz, vivo ahora en el santo campo, ése que no podía ver ni en pintura, reconciliado con los animales de monte porque ya los de la ciudad se amansaron. Escribo contra el paisaje temas bucólicos y a medida que avanzo siento el aplauso cerrado de las chicharras. He desempolvado a Teócrito y a Virgilio y estoy atisbando a la primera pastora para endilgarle un idilio. Retrocedí del jet a la mula, y en la más orejona voy entrando a la plaza mayor de Villa de Leyva en esta Semana Santa con el Ramos de mi apellido. Aquí estoy con mi mujer que me masajea y una perra que me está enseñando a ladrar y las 20 cajas que me quedan de los archivos del nadaísmo a partir de las que tuviste a bien obsequiarme, por allá por el año 70, de donde tantas sorpresas han emergido. Y eso que a la Biblioteca Piloto doné otras tantas, que son hoy asombro y deleite de los jóvenes extraviados pero estudiosos y de adultos rememorantes. La Biblioteca Luis Ángel Arango está en pos de adquirir el resto creciente, porque aún de los que murieron cada día surgen páginas nuevas. Es lo justo, pues se están celebrándolos 60 años de dos Arango, el que le dio el nombre al nadaísmo y el que se lo diera a la Biblioteca. Mi estudio entre los robles –que bauticé La montaña mágica por estar al pie del cerro y de la laguna de Iguaque, de donde surgió Bachué con su hijo de brazos a poblar la tierra–, está presidido por ese cuadro de Leandro Velasco donde figuramos al lado de Elmo y de José Rafael Arango y del propio pintor, que me entregaste por el precio simbólico e irrisorio de 20 pesos y ahora quién sabe cuántos millones valdrá, aunque habría que restaurarlo porque está más descaecido que la última cena. Como en el caso de Dorian, nos vemos más acabados en el retrato de 1960 que en el espejo. Como por arte de magia simpática o simpatética, de Los Sagrados Archivos, como los bautizara nuestro buen U, salieron para ser publicadas por EAFIT y lanzadas en la inminente Feria del Libro de Bogotá, la novela de Amílcar Osorio La ejecución de la estatua, las Memorias de un presidiario nadaísta, de Gonzalo y X se escribe con J, nuestra alada correspondencia. Yo quería irla publicando en los periódicos a medida que la íbamos escribiendo, pero Elmo me dijo que había que esperar a ponernos viejos para que la publicación tuviera sabor y sentido. Ya no es literatura epistolar sino historia patria. Te escribo, pues, para participarte de esta explosión editorial triple. La memoria del “cañazo” del Profeta en La Ladera la coleccionaste de la revista Contrapunto, de Jaime Soto, con cuyo producto nos invitaba a comer fríjoles en el restaurante Avenida, de la Jiménez con 4.ª. Donde nos contaba que casi lo pasan por las armas bajas los atorrantes cautivos. Casi 40 años después el alcalde Sergio Fajardo convirtió la pavorosa cárcel en un parque-biblioteca e invitó a todos los nadaístas vigentes a un gran homenaje de desagravio institucional al profeta por tan flagrante injusticia. Y La ejecución de la estatua fue el trofeo que pudo traer U de los Estados Unidos cuando lo pusieron de patitas en el avión de retorno. Quién sabe cuántos años la trabajó con dedicación enjundiosa, rodeado de poetas outsider y maestros zen. La dejó en tu poder, luego de haber sido finalista en el Premio de Novela Seix Barral en 1968. Tú me la cediste y por medio siglo ha pernoctado en la mesa de noche de todos mis enganches sentimentales y la he perdido por años y vuelto a recuperar, y la he entregado a editoriales que la devuelven, considerándola un hueso duro de roer, pues entre una novela de la violencia –que era lo que se esperaba en Colombia de los escritores de garra– y un Ulises, cosa que no espera nadie, nuestro hombre se fue por un Ulises de la violencia. Una violencia tal de salvaje que luego de la masacre en el pueblo de Saldeguaca se termina ejecutando la estatua de la Madre en la plaza, a la manera como tú lo recuerdas, en 1948 en Andes, cuando las turbas conservadoras degollaron la efigie del Indio Uribe. Me siento orgulloso de ser el contrapunto de X se escribe con J. Desde cuando me llamaste a Bogotá para empuñar el estoque publicitario en lo que persistí y terminé pensionado. “Conspiraba con mucho júbilo. Conspirando esperaba me pensionaran”. Siempre estuviste pendiente de mi supervivencia y además me entonaste varias cantatas y hoy te doy las gracias por ello. 33 años has dedicado a tu taller de poesía en la Biblioteca Piloto, impidiendo el desmayo de quienes abordaron la poesía asumiéndola como tableta de salvación. Hoy puedes estar ufano de haber hecho la labor que te propusiste. Eres el Poeta Mayor, pero ya lo eras desde que empezaste a dejarte poseer por la Poesía. Sé que tu médico, según el estado de tu salud, te ha pronosticado cien años. Nos quedan 14 de celebraciones, mientras seguimos hurgando en los Sagrados Archivos a ver qué más encontramos. Te embrazo,

       Jotamario

       CARTAS

       De Jaime a Jotamario en Bogotá

       Cali, septiembre 20 de 1962

      Querido Joyce:

      No te escribimos antes porque nos dijeron que estabas en Medellín, pero ahora sabemos que estás de nuevo en Bogotá. No lo supimos antes porque ahora no salimos de la casa, no vemos a los nadaístas, y no hablamos sino con Shakespeare.

      Hoy, a la una de la tarde y ocho minutos, pensamos que a ti te hace falta un sombrero de terciopelo para las noches de luna. Cómpralo. Te lo rogamos.

      Te hemos estado leyendo en Esquirla todos los domingos y te hemos consagrado nuestro recuerdo cotidiano, de modo que no tienes por qué quejarte, a no ser por falta de dinero.

      Como te habrán informado los otros amigos, aquí no sucede nada extraordinario fuera de nuestros poemas. Ahora estamos escribiendo mucho para los hijos de los astronautas. Nuestros contemporáneos no han nacido todavía. Somos unos milagrosos poetas. Nos reímos desbordadamente de nuestras fechorías literarias.

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      Cuando nos escribas danos informes (serios y verídicos) acerca tuyo, con todos sus detalles, y detalles sobre todo lo demás que tú creas conveniente. Así sobre los muchachos escritores del nadaísmo, como sobre los medios culturales de Bogotá.

      Y mientras tenemos el grato placer de recibir tus noticias te enviamos nuestro cordial saludo,

       X-504, X-505, X-506, X-507, X-508, X-509, X-510

       De Jaime a Jotamario en Bogotá

       Cali, 1962

      -2-

      na carta, sino apenas una boleta.

      El Monje vino anoche de Tumaco, cuenta muchas cosas, entre ellas la historia de un culicagado de 8 años a quien quedó de llevarle cuando vuelva unos purgantes y un cepillo de dientes… parece que se separó definitivamente de Emérita. Piensa quedarse aquí, pues dice que no le gusta Bogotá. Le he insinuado que le ayude a Alfredo en Esquirla, ya que a él le queda muy duro hacer solo todo el trabajo. Esquirla ha salido mal corregida, mal armada y mal seleccionado el material. Tienes que hacer algo para mejorarla o.

      Como tú quedaste con algunos libros de Diegoleón y él me los está reclamando, te pido el favor de enviarme una carta dirigida a tu casa para yo ir con ella por ellos y que me los entreguen. Tú sabes cuáles son para que los enumeres en la carta.

      Leandro (Velasco) está pintando cuadros bellísimos, por fin se resolvió a coger el color. Lo hace maravillosamente. Creo ver en él influencia de los insectos de Lucy Tejada, en cuanto al colorido, las pinceladas y espatulazos, la distribución del color, las puntas irisadas, los finos trazos multicromos, me regaló un cuadro

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