A la velocidad del hachís. Enrique Figueredo

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A la velocidad del hachís - Enrique Figueredo

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padre del niño acude también al puerto. El juez tiene que levantar el cadáver. En un acto de aguda desesperación, trata de tirarse al mar y ante la imposibilidad intenta autolesionarse en el abdomen con un objeto punzante. Llega a lastimarse, pero la fuerza pública que custodia los trámites judiciales logra que esa suerte de autocastigo nacido del dolor no prospere.

      

      “La muerte de un policía local de La Línea de la Concepción y la muerte del niño de Algeciras cambiaron las cosas. Se produjo un salto mediático, sobre todo televisivo”. Es Paco Mena el que habla, presidente de la Federación de Asociaciones contra la Droga del Campo de Gibraltar. Cuando se refiere al fallecimiento de un policía local en La Línea, lo hace al respecto del trágico episodio que acabó con la vida de Víctor Sánchez, de 46 años, miembro de esa plantilla municipal que fue atropellado durante la persecución a unos motoristas que iban cargados de tabaco de contrabando. Tenía que ser un servicio sin demasiada complicación. Pero a veces las cosas se complican en la calle. Eran las 20.00 horas del 7 de junio del 2017, más o menos un año antes de la trágica muerte del pequeño M. en la playa de Algeciras.

      Se produjo una estampida de ciclomotores. Un grupo de una media docena de ellos, cargados cada uno con dos cajas de tabaco, estaban circulando por una zona peatonal a gran velocidad y de forma temeraria. Se trataba de un parque situado muy cerca de la frontera con Gibraltar. A veces, las cajas que se pasan de Gibraltar al lado español lo hacen a través de un boquete abierto en la verja que delimita los lindes de la colonia británica. Se realiza una maniobra rápida y se cargan las motos. El equipo de Víctor Sánchez, en aquel momento jefe de Unidad de Respuesta Inmediata (URI) de la Policía Local de La Línea de la Concepción, se unió a la persecución que habían iniciado patrullas de tráfico. Más allá de la falta administrativa de contrabando, los motoristas estaban cometiendo, por lo menos, un delito contra la seguridad vial.

      Sánchez se apeó de su furgón antidisturbios y siguió a pie. Es un procedimiento muy habitual de la URI. Mientras el motorista centra su atención en el vehículo policial grande y aparatoso, un agente caminando embiste al piloto en fuga de forma sorpresiva trabándolo o forzando su caída. Pero esta vez no resultó. Sánchez vio muy cerca la posibilidad de dar con el motorista y cruzó la calle. En ese momento, el furgón antidisturbios iba también tras el ciclomotor. Una décima de segundo. No hubo nada que hacer. El tremendo golpe provocó un fallo multiorgánico irreversible. El contrabandista huyó.

      El accidente mortal que afectó al policía local de La Línea provocó uno de los primeros episodios masivos de reacción popular ante la inseguridad que acarrea el trapicheo en este caso en forma de tabaco de contrabando. Esa progresión delictiva no la transita todo el mundo, pero sí es muy habitual que en un determinado momento un contrabandista de tabaco dé el salto a la droga. Cuenta con medios y experiencia que puede aplicar a un negocio ilícito que le va a reportar más beneficios y más riesgos. En muchos casos, los procedimientos no son tan distintos, ni tampoco las rutas. Es sustituir una mercancía por otra. Se trata de un salto que casi nunca tiene vuelta atrás, y de ello no es siempre consciente su protagonista. Hace falta mucho autocontrol para salir del círculo del hachís; de la droga en general.

      –Ha habido dos manifestaciones fuertes. Una, tras lo ocurrido en la playa de Getares. También hubo movilización tras la muerte del policía local durante un tema de contrabando. El asunto salió en la tele –explica Javier López Morales, policía nacional destinado en La Línea de la Concepción. Es representante del sindicato SUP.

      Esos dos casos trágicos cambiaron la percepción que muchas personas tenían del tráfico de drogas y, en parte, del contrabando. Empezó a observarse que esas actividades ilícitas vienen acompañadas muchas veces de ruina, de muertes y de cárcel que en algunos casos se prolonga por muchos años. La gente empezó a ver la realidad del narcotráfico de otra manera. Ese giro de conciencias coincidió en un momento de mayor descaro de los grupos criminales o quizá fue la consecuencia de ello. El rescate de un miembro del clan de los Castañitas del hospital de La Línea es un ejemplo llamativo. Pero hubo más.

      Ese cambio en la opinión pública se hacía necesario, según muchos. Se contemplaba el contrabando de hachís con un alto grado de tolerancia popular. Esa aceptación se antoja en algunos momentos como un mecanismo de defensa ante una realidad que no ofrece otras opciones de ingresos suficientes. Como una evolución inevitable de aquellos que con bajos recursos quieren progresar en la escala social.

      No todo el mundo cree en esa especie de fatalismo:

      –Existe una percepción muy extendida entre la población de que lo que se hace con el tráfico de drogas no es tan grave. Pero te digo que el que está arriba, en la parte alta de la estructura, sí lo sabe –comenta Paco Mena. El líder comunitario se refiere a los que mueven los hilos de las organizaciones, a los que ocupan la cúspide de la pirámide criminal rodeados de buenos equipos de abogados y de la seguridad de no tener que hacerse al mar o a la descarga en una playa.

      Este veterano conocido por la lucha contra la droga está sentado en su despacho en la localidad de San Roque. Hay fotos suyas en la pared. Aparece en ellas con varios años menos. Aparece junto a políticos tanto del PSOE como del Partido Popular, incluidos algunos antiguos ministros. Pero sobresale la foto de Mena con Felipe González. Parte del cabello del activista contra la droga era negro todavía. Ahora luce una cabellera completamente cana. Avisa, cuando ve que la imagen despierta la curiosidad de su interlocutor, que González era ya expresidente cuando se tomó la instantánea.

      –Debe restablecerse el principio de autoridad –Mena considera que ha sido quebrado–. Ha surgido una nueva generación de narcotraficantes. Son miembros más impulsivos y con menos sentido común.

      –Ha habido una pérdida de valores y una falta de educación –relata el policía López Morales–. Los responsables son los hijos de los traficantes más veteranos, a los que las series de televisión les han calado hondo. Los narcos dicen que ellos no hacen nada malo, que “es para comer, es para mi familia”, repiten ellos y los que los apoyan, pero es verdad que desde la muerte del niño ha crecido la repulsa social.

      Lisardo Capote es el jefe del Servicio Vigilancia Aduanera de Algeciras. Combate el contrabando, y por tanto, también el de hachís. Es un hombre de verbo ágil y certero. Ha dado muchas veces vueltas en su cabeza a lo que significa socialmente el narcotráfico.

      –Decir que el contrabando es una manera de buscarse la via es una insensatez. El hachís –explica– podrá ser considerado una droga blanda, pero lo que hay detrás son muchísimas cosas. Genera una fuente de ingresos extraordinaria, y con esa fuente de ingresos todo lo que viene detrás suele ser bastante malo... Desde financiación del terrorismo hasta otras actividades. Y después de tener toda esa cantidad de dinero, lo que viene después es buscar poder y con el poder llega la corrupción, la compra de voluntades, y trae degeneración social.

      Un excontrabandista de tabaco de la zona del Campo de Gibraltar que no quiere dar su nombre tiene también sus propias ideas a propósito de la percepción de que el tráfico de hachís no es o no debería ser delito. Para este hombre de marcado acento gaditano, las razones para ese tipo de consideraciones benignas acerca del contrabando de droga están muy claras:

      –Eso lo ha dado la llamada narcocultura. Son cientos de familias las que viven del narco. Les ha dado todo, piensan, pero no es verdad. Han sido ellos mismos los que se han jugado tres años de cárcel o directamente la vida ahogados en el Estrecho. Aquí no hay Robin Hoods. Aquí nadie regala nada.

      Piense lo que piense cada cual acerca de la necesidad de perseguir o no esta actividad del todo ilegal en el ordenamiento jurídico español, en lo que todo el mundo parece coincidir es que el tráfico de hachís está muy infiltrado en la sociedad de la región sur. Algunos de los detalles del trágico suceso del niño atropellado junto a su padre dan la medida

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