E-Pack Bianca 2 septiembre 2020. Varias Autoras

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se habían acostado.

      Así que él no la había deseado. Sin embargo, la noche anterior lo había hecho. Y a él no le había gustado.

      –¿Qué estás haciendo?

      Sasha levantó la vista y vio a Apollo junto a la puerta. Al instante, se sintió como si estuviera haciendo algo ilegal.

      Le mostró el papel y dijo:

      –¿Íbamos a divorciarnos?

      –En todo momento.

      Sasha dejó el documento sobre la mesa.

      –¿Y al principio? ¿Con el bebé?

      –¿El bebé que nunca existió?

      Ella se sonrojó.

      –Cuando creí que estabas embarazada acordamos casarnos por un año. Así habría tiempo suficiente para que naciera el bebé y valorar la situación.

      Sasha frunció el ceño.

      –¿Qué significa eso?

      –La custodia.

      –En principio, puesto que yo sería la madre, la custodia sería para mí.

      Apollo negó con la cabeza.

      –En el acuerdo prenupcial firmaste que renunciabas a la custodia. Aceptaste llegar a un acuerdo en el que yo tuviera la custodia a cambio de que te pagara una vivienda cercana para que pudieras ver al bebé de forma regular.

      Sasha se puso en pie y negó con la cabeza.

      –No puedo creer que acordara renunciar a mi bebé.

      –No te olvides de que no había bebé. Yo debía haberme imaginado algo al ver que aceptabas rápidamente y que estabas más interesada en la pensión que recibirías en caso de divorcio.

      Sasha recordó lo que él le había contado la noche anterior acerca de cómo ella había tratado de seducirlo para intentar quedarse embarazada, y cómo él la había encontrado drogándose.

      –¿Fue entonces cuando iniciaste los trámites de divorcio? Después de la fiesta, cuando supiste que no estaba embarazada.

      Él asintió.

      –¿Y por qué no me echaste sin más cuando te enteraste?

      –Lo pensé. Y era lo que quería. No quería volverte a ver.

      –¿Y por qué no lo hiciste?

      –Porque estamos casados. No podía confiar en ti. No sabía qué podrías hacer. Quizá contarles a los periodistas una historia lastimera, y yo tengo una reputación que mantener. Lo último que necesitaba era que la prensa me prestara atención por algo negativo.

      –Y después, tuve el accidente.

      Él asintió.

      –Unos días más tarde, te subiste a uno de los coches y desapareciste durante horas. Rhea me llamó al ver que no habías regresado para cenar. Entonces, empezó la búsqueda. Apareciste en una cuneta no muy lejos de aquí.

      Sasha sintió frío.

      –Este matrimonio nunca funcionó.

      Apollo recordó la noche en que conoció a Sasha. Qué rápido lo cautivó con su belleza. Y qué novedad conocer a alguien tan abierta y divertida. Sin embargo, no había sido real. Trató de no pensar en ello y contestó:

      –No.

      –¿Por qué aceptaste casarte conmigo? ¿Por qué me creíste?

      –Tenías un informe médico que confirmaba tu embarazo, así que, consulté con mi equipo legal. Llegamos a la conclusión de que cuando firmaras el acuerdo prenupcial, casarme contigo me brindaría la oportunidad de conseguir la custodia y garantizar el futuro de mi hijo. Había una cláusula donde se decía que, si pasaba algo durante el embarazo, o si se demostraba que el bebé no era mío después de la prueba de ADN, tú no te llevarías nada. Por supuesto, decidiste que arriesgarse a contraer matrimonio merecía la pena, aunque no estuvieras embarazada. De ahí tus intentos de seducirme una vez que nos casamos. Intentos que no funcionaron.

      Sasha puso una mueca.

      –¿Por qué me has traído aquí después del accidente? ¿Por qué no me echas de tu vida ahora que puedes?

      «¿Por qué no?», preguntó una vocecita en la cabeza de Apollo. Podía haber hecho tal cosa. Podía haberse aprovechado de su amnesia para que firmara el acuerdo de divorcio e instalarla en un apartamento en Atenas, darle una pequeña pensión y pagar a una enfermera para que atendiera sus necesidades hasta que estuvieran divorciados.

      No obstante, daba igual cuánto la odiara por lo que había hecho. El estado en el que se encontraba después del accidente, pálida e indefensa en aquella cama de hospital, lo había atrapado. Y después, al despertarse, ella lo había mirado y había sido como si los meses anteriores se hubieran desvanecido y lo único que él pudiera recordar era la noche en que se habían conocido.

      La pérdida de memoria solo había complicado más las cosas. Cambiándola. Recordándole a él la primera impresión que tuvo al verla. Prendiendo de nuevo la llama de su deseo.

      –No permitiré que vayas a ningún sitio hasta que no firmemos los papeles de divorcio. No confío en que no vayas a hacer algo para explotar el poder que tienes mientras seas mi esposa.

      Él continuó.

      –No sé por qué te subiste al coche el día en que desapareciste, ni a dónde te dirigías… Y hasta que no recuperes la memoria y puedas contármelo, no te irás a ningún sitio. Por lo que sé, te quitaste los anillos de boda porque tenías un amante. Quizá pensabas irte con él puesto que yo no había caído bajo tus hechizos.

      El recuerdo del beso que habían compartido la noche anterior, invadió la cabeza de Apollo. Le gustara o no, había caído de nuevo bajo el hechizo de Sasha.

      Sasha levantó los papeles. Estaba pálida y le temblaban las manos. Al verla, él sintió ganas de protegerla, pero lo evitó.

      –Entonces, ¿por qué no firmamos los papeles ahora mismo y terminamos con esto?

      Apollo no se sintió aliviado al ver que ella estaba dispuesta a dejar todo atrás y apartarse de su vida. Sentía algo mucho más ambiguo e inquietante. No quería dejarla marchar.

      –Es fin de semana y mi oficina está cerrada. El lunes es fiesta nacional. Además, he hecho planes para ir a Krisakis. Firmaremos los papeles dentro de una semana, cuando regresemos a Atenas. Dentro de un mes tendremos vidas separadas. Y quizá, Krisakis te ayude a recuperar la memoria.

      –En cuanto firmemos los papeles, ¿todo va tan rápido? –la idea de no volver a ver a Apollo le daba miedo. Pensaba que era porque no tenía nada más que le resultara familiar en la vida, y no porque él significara algo para ella.

      –Sí, puede ser tan rápido –dijo Apolo–.

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